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Catedral
 

Sin duda uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad de Toledo, edificada sobre la mezquita mayor de la ciudad en tiempo musulmán.
Desde 1088 la Iglesia Mayor toledana tiene el reconocimiento de catedral primada sobre las demás del reino. Faltaba, pues, dotarla de una sede digna, una vez que se haya alejado el peligro directo de invasiones musulmanas tras la victoria cristiana en Navas de Tolosa en 1212. Ocupa un lugar que parece ser siempre fuera sagrado, al ser el emplazamiento de la mezquita mayor, sustituyendo ésta la catedral visigoda, posiblemente levantada sobre otra anterior.
La construcción del actual edificio empezó en 1226 siendo arzobispo Jiménez de Rada y bajo el reinado de Fernando III el Santo. Se conocen los nombres de los primeros maestros de obra: Martín, a quien se deben las trazas de la planta al estilo gótico clásico francés y su sucesor Petrus Petri. La planta del templo es, pues, de cruz latina, llamada de salón, por estar inscrita en el plano de un rectángulo. El alzado marca la cruz, creando una forma vertical triangular, ya que la nave central y el transepto tienen mucho mayor anchura y altura que las naves laterales, siendo las naves exteriores las más bajas.

fachada

Es muy interesante subir a alguna de las torres en Toledo que permiten descubrir desde las alturas los tejados de la catedral formando una cruz perfecta rodeada de aéreos arbotantes marcados por esbeltos pináculos. Sólo así, o desde los miradores del Valle, se puede apreciar la grandiosidad y la complejidad de este singular edificio, escondido en una hondonada en medio de la trama urbana.
Lo primero en levantar fue la zona de la Capilla Mayor y la magnífica doble girola que la rodea uniendo las cuatro naves laterales. Es única en España y muy original la solución de su estructura, evitando que se aproximen demasiado los soportes. Cada uno de los tramos en forma de trapecio que la conformarían fue dividido en rectángulos y triángulos, dando lugar alternativamente a bóvedas con cuatro y tres nervios, dibujando X e Y en sus altos techos. Esto ha permitido configurar quince pequeñas capillas correspondientes a cada uno de los tramos de la girola, de planta cuadrada a partir de los triangulares y de planta semicircular las otras. Con el tiempo algunas de estas capillas se han transformado, dos en pasillos de entrada a espacios singulares añadidos al templo: la Capilla de los Reyes Nuevos y la Sala Capitular; una quedó encima del paso a otras dependencias privadas de la Catedral y seis, en uniones de tres, abrieron nuevas capillas de mayor tamaño: la de Santiago y la de San Ildefonso que también salen de la planta original.
La puerta más antigua del templo es la del transepto norte, inspirada a la correspondiente puerta de la catedral parisina de Notre Dame, dada la mucha importancia que el gótico francés otorgaba a estas entradas. El parteluz con la Virgen y el Niño introduce el tema de las escenas de la vida de Cristo, esculpidas sobre su tímpano. Es una especie de catecismo en piedra para los fieles del siglo XIII. Hay que leerlo de continuo empezando por el extremo inferior izquierdo, desde la Anunciación hasta el Juicio final y el Tránsito de la Virgen en lo alto.
Siguiendo también el esquema francés, a los pies del templo deberían aparecer dos torres iguales, formando la fachada una H, pero con el tiempo sólo una quedó terminada, siendo la otra muy menguada, posiblemente por las adversas condiciones del suelo. Su actual cúpula de piedra es de principios del siglo XVII, cubriendo la capilla de Corpus Christi, destinada por mandato del cardenal Cisneros a la recuperación del rito mozárabe, sustituido por el católico, coincidiendo con la conquista cristiana de Toledo, 1085.
torre La torre, con sus noventa metros de altura, fue terminada con el último cuerpo octogonal, rematado con el alcuzón de pizarra y las tres coronas por el maestro Hanequin de Bruselas en el siglo XV. En 1755 hubo que romper la ventana geminada del cuerpo del campanario para instalar la mayor de las nueve campanas: la Campana Gorda, izando sus 17 toneladas de peso mediante poleas y polipastos instalados a tal fin por 100 marineros venidos de Cartagena. Se resquebrajó al primer toque y se le cambió el badajo original de tres metros por otro de menor tamaño. A cada una de las otras ocho campanas: la Calderona, la Encarnación, San Juan, Santa Leocadia, San Joaquín, la Ascensión o Espanta Diablos, San Ildefonso, la Resurrección y San Felipe le corresponde su hueco en el cuerpo de campanas.
La fachada principal cuenta con tres puertas de acceso, la del Perdón o de los Reyes en el centro, la de las Palmas o del Infierno al lado de la torre y la de los Escribanos o del Juicio lindando con la Capilla mozárabe. Otras dos son la mencionada puerta del transepto norte, llamada de la Feria, de la Chapinería, del Niño Perdido o del Reloj, colocado éste por encargo del cardenal Lorenzana, a finales del siglo XVIII para marcar las horas canónigas, de ahí que sólo tiene una manecilla. Y, finalmente la Puerta de los Leones, del transepto sur, combinando las esculturas góticas y barrocas, todas de excelente calidad.
Hasta aquí se cumple el trazado gótico ortodoxo. Sin embargo, la catedral toledana posee más entradas, dos la comunican con el claustro, la de Presentación y la de Santa Catalina, y la última, insólita por su ubicación en el muro sur, la neoclásica Puerta Llana, la única que no tiene escalones. Esta modesta puerta “de servicio” que durante siglos dejaba entrar toda la cantería y esculturas para el templo se convirtió en el noble pórtico para el paso de la famosa Custodia, cuando sale majestuosamente en procesión del Corpus Christi. Actualmente es también la puerta de entrada para los visitantes. Al claustro se entra por la Puerta de Mollete y hay otras cinco puertas auxiliares en las paredes de las estructuras añadidas al templo.
Mucho hay escrito sobre la Catedral y no es el lugar para desarrollar un discurso académico sobre el arte desde el siglo XIII hasta el XIX, ya que todas las etapas intermedias están en ella presentes. Por estar en Toledo, la influencia islámica aparece en los arcos lobulados del triforio, de varias ventanas y el muro exterior del coro, de épocas diferentes, y hasta hay una sepultura del gusto totalmente musulmán, sin olvidar la sorprendente yesería de la puerta y las techumbres de la Sala Capitular y su antesala. El claustro, añadido en el siglo XIV, es de estilo gótico tardío. Tiene carácter gótico el retablo del Altar Mayor, aunque fuera realizado ya en época del Cardenal Cisneros, con la participación de gran parte de los escultores que entonces trabajaban en el templo, como Copín de Holanda, Sebastián de Almonacíd, Feipe de Vigarny y Petit Juan, bajo la dirección de los arquitectos de Enrique Egas y Pedro Gumiel. Lo pintaron y doraron los artistas tan importantes como Juan de Borgoña. El renacimiento queda sublimado en la rejería y en el muy italiano sepulcro del cardenal Mendoza en la Capilla Mayor y en la sillería del coro alto. Es neoclásica la imponente Sacristía, y el afamado Transparente constituye el broche del barroco más delirante del siglo XVIII.
Para quien se deja abrumar con los números, se puede citar los ochenta y ocho colosales pilares que sostienen setenta y dos bóvedas, recientemente restauradas, cuya altura alcanza hasta 45 metros. Las vidrieras de la mayoría de las setecientas cincuenta ventanas, sobre todo el rosetón de la nave central, del siglo XIV, de tamaño impresionante y belleza única, y los dos del transepto, iluminan el templo con un halo de misterio y santidad acorde con las imágenes y escenas religiosas en ellas representadas.
puerta El rico repertorio escultórico presente en cada rincón tiene funciones doctrinales y didácticas, además de las artísticas. El coro al exterior muestra numerosas escenas del antiguo testamento, y la Capilla Mayor del Nuevo. El tímpano exterior de la Puerta del Reloj y el retablo del Altar Mayor representan escenas de la vida de Cristo. En las columnas que enmarcan el Retablo aparecen varias personalidades de la Iglesia, entre los que se suele destacar, por insólitas, las figuras del pastor que ayudó a los ejércitos cristianos vencer en la batalla de las Navas de Tolosa, y la del alfaquí Abu Walid, dirigente de la comunidad musulmana, quien con su espíritu conciliador contribuyó a la pacífica convivencia tras forzada cristianización de la mezquita mayor, en contra de lo pactado con Alfonso VI.
Las puertas y las capillas atesoran bellísimas imágenes, altares y sepulcros, obras de los mejores artistas, desde Juan Guas, Enrique Egas, Alonso de Covarrubias a Ventura Rodríguez, Mariano Salvatierra y Narciso Tomé. Los tres primeros figuran entre los sucesivos maestros de obra de la Catedral, los que también elegían y contrataban a otros artistas. Las esculturas de la sillería alta del coro es una muestra del paso, en los años 1540-1544, de la madura serenidad de Felipe de Vigarny, quien murió sin poder hacer la silla cardenalicia, al dinamismo del joven Alonso de Berruguete. Las figuras de alabastro de la franja superior muestran las genealogías de Cristo, mientras que las esculturas de madera evocan a los personajes de la Vieja y de la Nueva Alianza, así como a varios santos. Pero también un significado muy especial tienen los respaldos de las sillas del coro bajo, mostrando las sucesivas conquistas de las fortalezas del Reino de Granada, como Torremolinos, Marbella o Vélez, entre 1483 y 1492. Rodrigo Alemán empezó su elaboración antes de concluir la guerra, ya en 1489, por iniciativa del Cardenal Mendoza, quien tomaba activamente parte en los hechos. Así que es la primera crónica plástica de actualidad.
Además, ejemplo único de temática no explícitamente religiosa en un coro catedralicio, implícitamente sí, ya que a la toma de Granada se le dio carácter de Cruzada, de guerra religiosa, del triunfo definitivo del catolicismo en Europa, no sólo de una conquista territorial. Las rejas del coro son de Domingo de Céspedes, siendo Juan Francés el artífice de las que cierran la capilla mozárabe. Y las monumentales rejas de la Capilla Mayor coronadas por el escudo imperial son de Francisco de Villalpando, arquitecto que en 1552 da a conocer en España los principios de la arquitectura italiana, al traducir el tratado de Sebastiano Serlio.
También es muy importante el conjunto de pinturas, sobre todo la excelente colección conservada en la Sacristía, que cuenta con El Expolio y el Apostolado de El Greco, cuadros de Caravaggio, Ticiano, Van Dyck, Goya, Morales, Rubens, Bassano y muchos más. Cabe mencionar aparte a Juan de Borgoña y a Lucas Giordano, ya que sus pinturas más destacadas son los frescos que revisten las paredes de la Sala Capitular, en el caso del primero, y el techo de la Sacristía, del segundo.
Otro tipo de arte muy presente es la orfebrería. En la capilla debajo de la torre es expone el tesoro catedralicio, con la imponente Custodia de Enrique de Arfe compuesta de incontables piezas a modo de encaje de filigranas góticas de plata bañadas en oro. Es el precioso estuche para el verdadero ostensorio de la Forma Sagrada, éste de oro macizo, perteneciente a los Reyes Católicos. Una vez a año sale a las calles de la ciudad para la exaltación de la fe durante la secular procesión del Corpus Christi.
A sus lados se exponen valiosísimas piezas de orfebrería, como la corona de la Virgen del Sagrario, realizada con la diadema de Isabel la Católica, cruces cardenalicias y procesionales, la Biblia de San Luis y una rica colección de capas pluviales, casullas y los demás elementos de las vestiduras solemnes de los arzobispos con ricos bordados. Además de su riqueza y excelente estado de conservación impresiona el hecho de haber pertenecido a grandes personajes, desde el Cardenal Infante don Sancho, del siglo XIV, Cardenal Mendoza, Cardenal Cisneros y tantos otros hacedores de la historia de España y mecenas de sus artes y letras.
Muchos arzobispos y canónigos y varios reyes y reinas están enterrados en diferentes espacios de la Catedral y bajo el suelo de cuatro de las cinco naves. Sobre las sepulturas de los que alcanzaron la dignidad cardenalicia están suspendidos sus correspondientes capelos. Sólo una losa no está identificada con el nombre y los títulos y méritos personales; “Pulvis. Cinis. Nihil” – polvo, ceniza, nada, reza en la tumba del poderoso cardenal Portocarrero, a la misma entrada de la Capilla del Sagrario, donde se celebra el culto religioso de la Catedral.
Tienen singular importancia los espacios añadidos a la planta original para albergar las funciones primordiales de la Catedral. Es la Capilla de la Virgen del Sagrario, donde se celebra el culto ante el altar con la imagen gótica de la patrona del templo, el Ochavo que reúne numerosas reliquias, guardadas en estuches que son verdaderas obras de arte de orfebrería, la Sacristía, con la mencionada ya colección de arte, la Capilla de los Reyes Nuevos, donde se encuentran los sepulcros de varios monarcas, la Sala Capitular, donde se reunían los canónigos, en una sala que por sí sola es una obra de arte. Del claustro se accede a la Capilla de San Blas, lugar del eterno descanso del gran Cardenal Pedro Tenorio, en cuyas paredes se restauraron recientemente sus pinturas góticas. En el claustro se repite cada 15 de agosto la muy toledana costumbre de beber el “agua de la Virgen”, procedente de los aljibes de la Catedral.
La catedral nació del impulso de un rey y de un Arzobispo: Fernando III el santo y Rodrigo Jiménez de rada. La primera piedra se colocó en 1227, siendo su primer arquitecto, según la opinión más probable un llamado Maestro Mateo al que sucedió, Pedro Pérez. La cabecera del templo estuvo terminada hacia el año 1238, y sus últimas bóvedas se cerraron en 1493.
vista El 14 de agosto de 1389, se puso la primera piedra del claustro catedralicio baja lo dirección, del maestro mayor de la Catedral, Rodrigo Alonso. Se cuenta que donde se construyó este claustro, se hallaba la Alcaná, barrio donde los judíos toledanos mantenían su máxima actividad comercial, hasta que por las fechas mencionadas el arzobispo don Pedro Tenorio consiguió expulsarles, hay gente que dice que se produjo un incendio intencionado que destruyó todo el barrio.
La catedral de Toledo aunque gótica en su mayoría, presenta elementos de otros estilos, en 1493 Toledo ya poseía una de las catedrales más destacadas góticas de toda España, pero las obras continuarían vistiendo el templo con diferentes estilos arquitectónicos.