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Puerta del Sol
 

Torre albarrana que fue construida probablemente en los tiempos del reino taifa, como indican sus arcos de herradura interiores. Fue reedificada en el siglo XIV en estilo mudéjar, con el empleo de los típicos materiales: sillares, mampostería y ladrillo. El vano es de arco de herradura enmarcado en otro sobre el que aparece un doble friso de arquería, sobre el arco, en el siglo XVI, se añadió un relieve con el emblema de la Catedral bajo la luna y el sol (que da nombre a la puerta). Los matacanes, las buhardas y las almenas le dan aspecto militar, aunque su función ya iba ser más de arco triunfal que defensivo. Contiene algunos elementos ajenos a su estilo, como los restos de un sarcófago paleocristiano o un pequeño busto clásico.

Su origen, si atendemos a su construcción, hay que fijarlo en el siglo XII , tal vez en el reinado de doña Urraca o de Alfonso VII. En cualquier caso, es una de las más bellas obras mudéjares de la ciudad, cuya estampa define bien el espíritu de ésta. El conjunto lo componen dos torreones, cuadrado el de dentro, semicircular y con matacanes el de fuera, unidos por un cuerpo central, algo más bajo. En este cuerpo aparecen dos bellas arquerías, de arcos de herradura entrelazados los de abajo y lobulados los de arriba. Y varios arcos de herradura y apuntados. Bajo el mayor de los arcos, en un triángulo inscrito en una circunferencia, se ve un relieve con la Virgen vistiendo la casulla a San Idelfonso.

Desde la terraza de la muralla podemos visitar el interior de la torre. No tiene nada de especial, si no es la emoción de sentirse entre aquellos muros estrechos y guerreros, observar los huecos de los matacanes por los que se arrojaba aceite hirviendo y piedras o subir a las almenas y contemplar una panorámica privilegiada.